CONTRAFILO

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José García Segura

Polémica al alza

Cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano, el sepelio fue método único para despedir al ser humano.Desde aquel tiempo la Iglesia Católica prohibió las cremaciones.En 1963 el Papa Paulo VI canceló esa medida y hasta permitió que los sacerdotes oficiaran en las ceremonias cuando los familiares del occiso lo solicitaran.

Pablo VI

Pablo VI

La semana anterior, la Congregación para la Doctrina de la Fe presentó un documento avalado por el papa Francisco  en el cual se tolera la cremación autorizada por Paulo VI siempre y cuando las cenizas sean guardadas en las urnas de los cementerios o en lugares sagrados, pero no en las casas.

«No está permitida la conservación de las cenizas en el hogar», ni «la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua».

La nueva medida papal dio paso a una polémica que parece no tener fin si consideramos que los seres humanos nacemos para morir, solo que nadie sabe cunado ni como le llegará la muerte.

Hablando de muerte en el Día de Muertos, déjeme decirle que morir en nuestro país México—y en cualquier parte del mundo– es mucho muy caro (desde 5 mil pesos en los velatorios del IMSS o del ISSSTE hasta varios miles en funerarias de «caché» como Gayosso o García López, por ejemplo (sala de despedida o de velación, flores, carroza, embalsamamiento por si el sepelio no es inmediato, trámites administrativos, cementerio o crematorio, cripta, nicho o mausoleo.

La tesis vaticana, aprobada por el papa Francisco el 18 de marzo pero divulgada siete meses después (el 15 de agosto) recuerda la importancia de la muerte y la resurrección.

Advierte que quienes deseen que sus cenizas sean esparcidas o conservadas en casa no podrán tener funerales católicos; es decir, entierro frente a incineración y reposo en un lugar sagrado.

El papa Paulo VI autorizó la cremación «siempre que no implicara una negación de la fe en la resurrección».

El nuevo documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe insiste en que es preferible el entierro; en contraste, un buen número de católicos prefiere la cremación «por razones económicas».

«El cuerpo muerto no es propiedad privada de los parientes», se advierte.

Hasta el año pasado, el 40 por ciento de los creyentes católicos en el mundo radicaba en América Latina y según estudios de especialistas, en países como México, ocho de cada 10 personas que profesan la religión católica se declaran a favor de las cremaciones.

A la luz de esos hechos, es presumible que la gente no hace lo que ordena la iglesia debido a que no hay «razones doctrinales» para censurar la cremación y porque cada día es más difícil pagar un servicio funerario.

La polémica está en el aire: ¿qué hacer con los que ya no están? ¿Panteón?, ¿Nicho?, ¿casa?; ¿inhumado o incinerado?

Este miércoles 2 de noviembre se iluminaron los panteones de la isla de Janitzio así como de Uruapan, Pátzcuaro, Tzintzuntzan y  Tzurumútaro Michoacán con motivo de la tradicional Noche de Muertos.

En aquel bello estado escuché una y otra vez las notas de La Josefinita, seguramente la pirékua (canción) más representativa de la música tradicional michoacana:

Sufrir ya no es posible// ay Dios eterno, mejor yo quisiera morir//… porque en este mundo engañoso// todo es un sueño y todo es una ilusión.»

«Kanekua, kanekua sufriresïnkia, Josefinita// Ka noterhu modu Jarhásti// recuerduterku pakarasïndia// herida mi alma y triste es mi corazón.

josegarciasegura@gmail.com

 

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