EL PT Y SU AGONÍA

miguel-tirado-rasso-columna-2015EL PT Y SU AGONÍA

Miguel Tirado Rasso | Temas Centrales

El próximo 24 de agosto será determinante para la historia del Partido del Trabajo (PT). Sucede que en esa fecha concluye, formalmente, el proceso electoral del 7 de junio pasado, por lo que será entonces cuando el Instituto Nacional Electoral emita la resolución definitiva sobre el futuro de esta organización política, ya sea que logre sobrevivir, a pesar de la voluntad ciudadana expresada en las urnas de indiferencia o rechazo, según se quiera ver, o bien, que pierda su registro y, en consecuencia, desaparezca, con lo que terminaría el gran negocio que ha sido este partido para sus dirigentes, a lo largo de sus casi 25 años de existencia, al no haber alcanzado, por segunda ocasión, el mínimo de 3 por ciento de votos requerido por la ley para conservar su registro.

Este partido se fundó el 8 de diciembre de 1990, teniendo su mayor presencia en los estados de Durango, Zacatecas, Nuevo León y Chihuahua. Desde su incorporación a la política electoral entró con el pie izquierdo, y no precisamente en razón de su ideología. En su primera participación, en 1991, no logró sumar los votos requeridos por la ley electoral, que era de 1.5 por ciento, por lo que perdió su registro. Su directiva tuvo, entonces, que trabajar, intensamente, en una campaña proselitista para recuperar su registro, lo que logró, en enero de 1992.

INE

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En 1994, el PT buscó reivindicarse de su desafortunado debut, y contendió en la elección presidencial con una candidata externa, Cecilia Soto, quien le logró aportar a ese partido casi un millón de votos. Una votación suficiente para darle derecho a contar con una bancada de diez diputados (de representación proporcional) en el Congreso.

De ahí en adelante, salvo en la elección intermedia de 2003, el PT participó electoralmente  siempre en alianza con otros partidos, fundamentalmente con los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), con resultados suficientes para continuar flotando en el escenario político nacional, sin problemas. Y es que en la de 2003, que lo hizo sin alianzas, estuvo a punto de volver a perder su registro, pues a duras penas alcanzó el 2 por ciento de votos que exigía la ley como mínimo para conservarlo, por lo que esa experiencia no la volvió a intentar.

En su historia electoral, la dirigencia de este partido ha mostrado una flexibilidad ideológica notable, particularmente en algunas elecciones para gobernador, pues así como ha participado en coalición con los partidos de izquierda, el PRD y Movimiento Ciudadano, también lo ha hecho con los de derecha y del centro, el PAN  y el PRI, bueno hasta con el PVEM y el PANAL, en diferentes momentos, lo que le ha permitido presumir gubernaturas, sino exclusivas, al menos compartidas, sin que se hayan visto los beneficios obtenidos por este partido, a la hora del ejercicio del poder. Al fin de cuentas, para esta organización política, lo importante no es jugar de titular, sino estar en la cancha. Y, con la apertura democrática, sus escasos votos resultan de gran valía para los partidos grandes, aunque después no obtenga ninguna posición.

Sobre su dirigencia habría que decir que goza de una envidiable garantía meta legal de inamovilidad, pues desde su fundación, primero, compartiendo una dirigencia colegiada, y después, como dirigente único, Alberto Anaya ha sido el único presidente que ha tenido este instituto en toda su historia. Es de imaginar que esta permanencia no le ha representado un gran sacrificio al dirigente, pues durante la misma ha obtenido considerables beneficios políticos y económicos. En  el caso de los primeros, le ha permitido desempeñarse como legislador en el Congreso de la Unión durante 24 años, 4 veces como diputado y dos, como senador. Otros personajes, con los que administra el partido, también son clientes frecuentes del Congreso, pues entre ellos se distribuyen las posiciones.

Respecto de los beneficios económicos, sólo habría que señalar que según algunos cálculos, este partido ha recibido, por concepto de prerrogativas, más de 4 mil 200 millones de pesos entre los años de 1977 a 2015. Faltaría saber cuántos millones más obtuvo en sus primeros cinco años de existencia. Se entiende ahora porque Alberto Anaya y compañía se resisten a aceptar su realidad y reconocer su desastre electoral, acudiendo a toda clase de chicanas, como alegar que hay un complot para desaparecer su partido e impugnar los resultados en 139 distritos, en el colmo, incluyendo algunos en los que ganaron, pues se trata de ver cómo pueden conseguir los votos que les hacen falta o anular casillas para reducir la votación total, para que les alcancen los votos obtenidos.

Hasta el momento, la guillotina para este partido y sus beneficiarios pende peligrosamente. Ojalá que con la enjundia con la que ahora buscan cómo salvarlo, sus dirigentes se hubieran aplicado a cumplir, al menos, con algunos de los principios contemplados en el programa de acción de sus documentos básicos que permitieran distinguir a su partido por sus aportaciones y no sólo se le ubicara como un partido bisagra, oportunista y de ocasión.

¿Habrá quién lamente su desaparición en el escenario político, en caso de que suceda? Supongo que muy pocos.

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