LA INAUGURACIÓN DE LA TORRE EIFFEL CONCATENADA CON LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS LIBANESES A MÉXICO

LA INAUGURACIÓN DE LA TORRE EIFFEL CONCATENADA CON LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS LIBANESES A MÉXICO

Ciudadano en Reflexión | Augusto Hugo Peña D. | Columnas

*El logro de anhelos de los libaneses inmigrados a México, no tiene por qué, en base a sus hijos, ser nuestra pesadilla

Hace 125 años, un 31 de Marzo, se inauguraba la Torre Eiffel. El mundo veía con admiración la obra y, mientras este hecho acontecía, ahí mismo en Francia, pero en Marsella, estaban estancadas en cuarentena miles de familias libanesas que salían de su país por las pésimas condiciones socioeconómicas y políticas. Entonces, en Siria (Líbano) sucedía lo que hoy en México: la situación económica para las mayorías era desastrosa y las condiciones políticas pintaban mal. De ahí las emigraciones hacia Europa y América de parte de los libaneses como hoy de los mexicanos, los que ricos o pobres emigran hacia Estados Unidos en donde suponen van a encontrar un lugar mejor para vivir y crecer a sus familias.

Torre Eiffel

Torre Eiffel

El paralelismo de las condiciones de vida en Líbano hace 125 años, y de México en la actualidad, es innegable: malos gobiernos, nulas oportunidades de desarrollo, inseguridad e incluso hambruna, pero sobre todo el anhelo de las personas por encontrar un estadio mejor para ellos y sus familias. Los emigrantes libaneses y los mexicanos que emigran allende el Bravo, aportan desarrollo y progreso a los países que les dan asilo. En México es un ejemplo el desarrollo económico que alcanzan los libaneses, sus hijos y nietos. En EEUU los mexicanos no han tenido –las mayorías- el mismo éxito que los libaneses en México, y esto es multifactorial porque lo que incide en el sano desarrollo de los inmigrados está en el trato humanitario que se les da en el país receptor. En México a los inmigrados, sean estos árabes, españoles, europeos, sin importar sus credos como el judaísmo, el islam o el cristianismo, se les recibe bien en lo humanamente posible; en EEUU en cambio, solo a los caucásicos (blancos) no se les discrimina.

En México como en EEUU, los libaneses han escalado social y políticamente a las alturas, pero la diferencia entre EEUU y México estriba en que las instituciones allá sí funcionan como tales y en México todas dependen del ejecutivo. De ahí que en México la calidad del comportamiento de los libaneses que incurren en la política sea diferente: en EEUU se pliegan a ciertos ordenamientos que en México no existen y, por ello, el mexicano de origen libanés al llegar a ocupar puestos políticos se comporta igual que los mexicanos autóctonos: pérfida y deshonestamente. Hoy, en el gabinete de Peña Nieto más de la mitad de los secretarios de Estado son hijos de libaneses y se han dedicado a lo mismo que los demás políticos, a hacer dinero para ellos, sus familias y sus pandillas, cuestión absolutamente reprobable porque nos muestra la mala facha de los hijos de quienes fueron recibidos amable y humanitariamente por el pueblo mexicano.

Es loable y plausible el enorme desarrollo que los libaneses han alcanzado en México en los negocios, todo lo contrario de lo que sucede en lo político, porque al ingresar a la cosa pública se convierten en pillos tanto como los mexicanos, con el agravante que ellos le deben al país, por ser hijos de inmigrantes, más y mejor agradecimiento al país, por ello me parecen deleznables.

Tengo una teoría del por qué los libaneses incurrieron en la política y en la cosa pública; me imagino que siendo exitosos en sus negocios industriales y comerciales, escalaron en lo social y convivieron con políticos igualmente ricos que ellos pero que sin trabajar, simple y llanamente se dedicaban a “administrar” el erario y a saquearlo; su principal tarea era mentir, engañar y robar. “–¿Por qué no hacer lo mismo?”, me cuestionó el hijo de un libanés, “nosotros ya no somos libaneses, somos mexicanos y tenemos los mismos derechos y oportunidades que los otros, de ahí nuestro interés en incursionar en lo que más deje.” Ahí entendí por qué Pedro Joaquín Coldwell, Mercedes Juan López, Alfredo Elías Ayub, Jesús Murillo Karam, Emilio Chuayffet y una centena más de mexicanos de origen libanés se coludieron en el medio del tráfico de influencias y la corrupción con los políticos locales en los grandes negocios del Estado Mexicano, depredándolo, no desarrollándolo ni haciéndolo progresar, ¡Qué lástima! Pero así de lamentables son las cosas que concatené en un imaginario histórico con la inauguración de La Torre Eiffel. O, ¿usted qué opina, apreciable lector?

Atenta y respetuosamente

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