EN EL ESPIONAJE «OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE»

EN EL ESPIONAJE «OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE»

DINTEL

Por Abelardo Martín M.

Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto

Visto desde la cara cinematográfica, ser objeto de espionaje tiene su atractivo.

Esta enigmática actividad está envuelta en glamour y misterio. Para empezar, es oficio en el que la inteligencia, el poder, el dinero, la buena presencia, las mujeres bellas y hombres guapos viven la aventura de la vida.

Sólo en la política se le ven al espionaje malformaciones, arrugas, problemas, porque en esta actividad, tanto el espía como el espiado, se convierten en entes interesantes.

Es sabido que solo los poderosos tienen capacidad estratégica, táctica y operativa para espiar. No es asunto que tenga que ver con la pobreza o la ausencia de un proyecto de amplia visión y largo alcance.

Satanizados, aún los espías y el espionaje de países comunistas y orientales, relacionados siempre con la maldad, son bien vistos en su actividad.

No es la primera vez, ni la última, que aparece en los medios el tema de que los Estados Unidos espían a México. La presencia de agentes de diversas instituciones públicas y privadas estadounidenses dedicadas al espionaje es recurrente. Así como también no es novedoso que hayan políticos que se sorprendan y hagan toda una faramalla y escándalo, como si nunca hubiera ocurrido.

Bien, que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto utilice los conductos diplomáticos institucionales para pedir investigación y fijar una posición respecto a esta actividad ilegal que se practica en todo el mundo.

Mal, quienes buscan reflectores y se llaman sorprendidos. Si a México lo están espiando, es porque tiene un papel relevante, protagónico en el concierto internacional y, más aún, si se toma en cuenta su vecindad con el país más poderoso de la Tierra. Malo sería que nadie nos «pele».

Más que preocuparnos por los espías que trabajan en México, muchos de ellos, nada anónimos ni discretos, sino más bien famosos y hasta escandalosos, debieran analizarse otros hechos que agreden y ofenden la dignidad, la soberanía y la política de buena vecindad entre México y los vecinos estadounidenses.

Es una auténtica grosería la valla o muro de «la tortilla» que separa ya a ambos vecinos. Cientos de miles de kilómetros de la frontera tienen ya una tapia casi infranqueable, pero sí muy ofensiva. No es necesario gritar ni hacer escándalo, solo responder al vecino que se aleja en su mismo lenguaje.

El presidente Peña Nieto calificó como «inaceptable», el posible espionaje de EU a México. Dijo: «Nosotros hemos pedido a través de la cancillería que haya un informe a todos estos temas que han surgido en prensa, que haya una explicación de parte del gobierno sobre este tema en particular, que dé una explicación que esclarezca estos señalamientos o estas afirmaciones que se han hecho de un eventual espionaje y que queremos conocer si esta es tal y obviamente lo cual resulta totalmente inaceptable».

A su vez, Manuel Mondragón, comisionado nacional de Seguridad, indicó que la presencia de elementos norteamericanos en el país «se está dando en términos muy adecuados». Y, aseguró que no existen elementos para hablar de un supuesto espionaje y rechazó que se realice un espionaje a nivel interno.

Ser espiado es un signo de relevancia, de que hay materia para la duda, para la investigación, lo que implica crecimiento, amenaza. Seguro entre los millones de desempleados mexicanos y, más de uno empleado, les gustaría vivir como lo hacen los espías. Hay que rasgarse las vestiduras pero no azotarse en el tema, porque además, «ojos que no ven, corazón que no siente».

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